miércoles, 11 de abril de 2012

"HERIDA POR UN SABLE SIN REMACHE"


Foto: libertadorhoy.com.ar

"...y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón..." 

Una explicación de la metáfora del tango "Cambalache", que en 1934 compuso Enrique Santos Discépolo, para la película “El Alma del Bandoneón”, de Mario Soffici que se estrenó en 1935.


"Sable sin remache": gancho donde se colgaba el papel higiénico al lado del inodoro.
Foto: juancastarcreaciones.blogspot.com
  
“La Biblia junto al Calefón": he aquí la historia de la vida cotidiana, que acontecía en la ciudad de Buenos Aires de principios del siglo XIX. La historia tiene relación con los servicios higiénicos, los  baños, la higiene personal y la forma de realizarla, que era totalmente distinta a lo que se acostumbra en la actualidad, al menos en el mundo occidental y cristiano. Es necesario, pues, tener en cuenta algunos datos:
Hasta finales del XIX se utilizaban bacinillas, también llamadas "tazas de noche", cuyos contenidos, a veces, eran arrojados por las ventanas al grito de "agua va". También, existían letrinas que solían estar en los fondos de las casas. 

En Buenos Aires, coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias "acomodadas" comenzaron a instalar baños.
Luego, el uso de estos mini ambientes exclusivos para la higiene, se generalizó y se empezó a construir en todas la viviendas, aún en las más modestas. Los baños constaban, al menos , con un retrete y lavabo y si los “lujuriosos” propietarios de la casa gustaban de practicar la morisca costumbre de lavarse todo el cuerpo más o menos seguido, y si además tenían medios económicos suficientes como para costearse ese “capricho”, los baños también tenían una ducha. 
 
 Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua. Así, al lado de la ducha se instalaba un "Calefón". Sin embargo, el papel higiénico tardo en obtener su “carta de ciudadanía” para poder trabajar en limpio en estas “sucias” tierras y aún, cuando apareció, era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto cualquier otro que tuviera a su alcance.
Por supuesto, eran muy estimados los papeles más sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos del campo, pero algunos de estos soltaban tinta!  Uno de los papeles más apreciados  era el llamado "papel Biblia", por ser especialmente delgado y muy suave. 
Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica , una de cuyas misiones era la de difundir la Biblia Protestante , para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro.Para ese entonces, muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de manera continua  esas "gentilezas" de los pastores protestantes, y a pesar de que la mayoría de los porteños pertenecían a la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la Biblia protestante tantas veces como se enteraban que la Sociedad Bíblica las regalaba por las calles, plazas o en su sede central.
Sin embargo, ha trascendido a través del tiempo que la mayoría de los porteños recibían esas Biblias para perforarle una tapa y colgarlas en un gancho de alambre, el famoso "sable sin remache",  al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico. 
En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discepolo para decir con elegancia propia de un grande:
"Igual que en la vidriera irrespetuosa de los Cambalaches se ha mezclao la vida, Y HERIDA POR UN
SABLE SIN REMACHE, VES LLORAR LA BIBLIA JUNTO A UN CALEFÓN."


Reescritura de Gustavo Eduardo Olivera de un texto recibido de su amigo Leonardo Ferreira y publicado por el blog Contracambio el 14 de noviembre de 2011.

1 comentario:

  1. Sencillamente sublime. Es poesía dulce, mezclada con picardía criolla. Me pregunto cuanta gente paqueta de la época se habrá enterado del verdadero significado.

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